Lo espiritual primero- parte 2

Hablamos de pasión por Dios cuando nuestra vida está más apagada que un carbón en medio de un océano. Hablamos de fidelidad a Dios cuando no somos capaces de ser fieles a las personas que decimos amar. Queremos sujeción cuando no somos capaces de darnos a respetar, cuando nuestras acciones gritan lo mal que vivimos y nuestros gritos predicando son más sordos que el sonido de una pluma cayendo. (“Hemos sido infieles a Dios, no lo hemos obedecido; somos violentos y traicioneros, y engañamos a la gente.” Isaías 59:13 (Traducción en lenguaje actual))

Nos hemos olvidado para quien vivimos y para qué vivimos, pensamos en nosotros antes que en Dios, lo usamos muchas veces para defender las ideas que a los únicos que benefician son a nosotros mismos y no a Dios. Decimos vivir para Dios cuando en realidad nos aprovechamos para vivir a través del nombre de Dios. “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” Gálatas 6:7 (Reina-Valera 1960)

¿Qué nos pasa?, ¿En que momento perdimos el rumbo?, ¿En que momento pusimos primero nuestros anhelos humanos antes que llevar a cabo la voluntad de Dios?, vivimos para nosotros y nos olvidamos de vivir para Dios, hacemos todo para beneficio nuestro y nada para beneficiar a Dios. (Efesios 5:14)

Es hora de despertar, es hora de vernos al espejo y por fin ser sinceros con nosotros mismos y darnos cuenta que no podemos vivir a costa de nuestras ideas sino a través de lo escrito por Dios que solo se encuentra en la Santa Biblia. Dejemos de usar la Biblia para excusarnos en nuestra mediocridad y comencemos a ser lo que Dios quiere que seamos: Santos porque Él es Santo. (1 Pedro 1:16)

Comencemos a morir a nosotros mismos cada día para que Dios crezca en nosotros (Juan 3:30). Vivamos realmente para Dios en lugar de aprovecharnos de su Nombre. Demos ejemplo a la gente en lugar de sacar a relucir sus errores, pero sobre todo mostremos la pasión por Dios que tanto decimos sentir en lugar de exigirle a la gente que la tenga.

Regresa y toma la cruz pesada que un día decidiste dejar en el camino y comienza a caminar a la par de Jesús (Mateo 16:24), sintiendo y viviendo el verdadero evangelio que va más allá de las ideas vanas de un mundo que terminará.

Has tesoros en el cielo y no en la tierra, vive como un ciudadano celestial y no terrenal (Mateo 6:19-21), que tus acciones hablen más que tus palabras, pero sobre todo pon en primer lugar lo espiritual antes que lo terrenal o carnal.

¡Volvámos a Dios P/ Enrique Monterroza.

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