¿Estás dispuesto a pagar el precio? -1

La mayoría de nosotros queremos ver en nuestra vida grandes resultados, pero pocos están dispuestos a pagar el precio para ver esos resultados que tanto anhelamos.

A veces quisiéramos que las cosas fueran tan fáciles como orar y que dos segundos después nuestra oración haya sido contestada, pero ¿Qué tal si las cosas no son así de fáciles?, ¿Estamos dispuesto a pagar el precio para ver esos resultados que tanto queremos ver?

Pensando en esto me remontaba a la historia de David, de cómo Dios envía a Samuel para ungirlo como próximo rey de Israel. Samuel al ungirlo lo estaba proclamando como próximo rey, pero había un pequeño inconveniente, actualmente había un rey, su nombre Saúl, eso quería decir que la promesa hacia David de ser rey de Israel no iba a ser instantánea, sino que sería todo un proceso, pero ¿Estaría dispuesto David a pagar ese precio?

Haber, imaginémonos la escena, Samuel llega a casa de Isaí padre de David, frente a él modelan todos los hijos de Isaí, altos, fornidos, guerreros, a tal punto que Samuel quedaba impresionado con cada uno que le presentaban y decía: “¡Seguramente éste es el ungido del SEÑOR!”, más Dios le respondía: “No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El SEÑOR no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el SEÑOR mira el corazón” 1 Samuel 16:7 (Nueva Traducción Viviente). Pasaron todos y de pronto Samuel pregunta si no había otro más, entonces Isaí se recuerda de su hijo, aquel joven que andaba pastoreando las ovejas, ese jovencito que ni su papá lo tomaba en cuenta, porque si así hubiera sido, ¿Por qué no estaba en la lista de los elegibles?, ¿Por qué tuvo que mandarlo a llamar?, ni sus hermanos, ni su padre y quizá ni Samuel creían que de ese joven podría salir un rey mejor que Saúl a quien según dice la Biblia nadie en Israel lo sobrepasaba de hombros hacia arriba.

P/Enrique Monterroza.

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